domingo, 13 de octubre de 2024

15 de Septiembre 1966, Épila, el único pueblo de España que..

El adelantado : Periódico de Intereses Morales y Materiales, Ciencias, Literatura y Artes: Año LXVI Número 20149 - 1966 septiembre 15


🏡 ÉPILA BAJO TIERRA: CUANDO MEDIO PUEBLO VIVÍA EN LOS CABEZOS
Hay una parte de la historia de Épila que no está escrita solamente en los libros. Está excavada, literalmente, en nuestros cabezos.
En septiembre de 1966, Épila apareció en la prensa nacional por una circunstancia que hoy resulta difícil de imaginar: unas 2.500 personas vivían en casas-cueva. La mitad del pueblo.
Se contabilizaban alrededor de 755 cuevas, excavadas directamente en la roca de los cabezos que rodean la localidad. La documentación de la época describía auténticas calles de cuevas, con sus fachadas encaladas, viviendas de tres, cuatro e incluso cinco habitaciones y una característica que todavía hoy sorprende: su temperatura interior, fresca durante el verano y mucho más templada durante el invierno. Todas tenían luz eléctrica y algunas disponían incluso de agua corriente y televisión.
No era una peculiaridad exclusiva de Épila. Las casas-cueva fueron frecuentes en diferentes localidades de la ribera del Jalón. Lo excepcional era la dimensión que alcanzaron aquí: ninguna otra población de la zona presentaba entonces un porcentaje semejante.
Y aquello no apareció de la noche a la mañana.
Existen referencias documentales a solicitudes para construir cuevas en Épila desde aproximadamente las décadas de 1830 y 1840, por lo que hablamos de una forma de vivienda profundamente vinculada a nuestra historia contemporánea. 
Nuestros cabezos —Castillo, Manolín, Paños, Ballesteros y Calvario— llegaron a formar un paisaje urbano completamente singular. Las cuevas no eran simplemente agujeros en una montaña. Eran casas.
Allí nacieron niños.
Allí se cocinaba.
Allí se criaron familias enteras.
Allí se celebraban alegrías y se soportaban dificultades.
Allí transcurrió buena parte de la vida de varias generaciones de epilenses.
🕰️ DE 1966 A HOY
La historia cambiaría rápidamente.
Precisamente para facilitar que muchas familias abandonasen las cuevas se impulsó la construcción de vivienda protegida. La documentación de aquel momento recoge 185 viviendas adjudicadas a familias procedentes de ellas. 
Lo que entonces representaba un problema de vivienda comenzó poco a poco a desaparecer.
Y aquí aparece una paradoja preciosa:
lo que ayer había que superar, hoy también tenemos que aprender a conservar.
Porque casi sesenta años después aquellas cuevas son otra cosa.
Son patrimonio etnográfico.
Son arquitectura popular.
Son memoria social.
Son una magnífica explicación de cómo nuestros antepasados fueron capaces de adaptar la vivienda al terreno y al clima utilizando prácticamente aquello que tenían bajo sus pies. Estudios recientes siguen destacando el enorme conjunto de casas-cueva de Épila, aunque muchas se encuentran actualmente transformadas, abandonadas o deterioradas. 
📸 ¿Y SI CONVERTIMOS ESTA HISTORIA EN UNA OPORTUNIDAD?
Creemos que nuestras cuevas deberían dejar de verse solamente como restos del pasado.
También pueden convertirse en patrimonio para el futuro.
Imaginemos por un momento: una Ruta de las Cuevas de Épila;
una casa-cueva recuperada y ambientada como podría encontrarse en los años 40, 50 o 60;
fotografías de las familias que vivieron allí;
utensilios originales; paneles explicando cómo se excavaban; testimonios grabados de quienes nacieron o vivieron en ellas; fotografías del antes y el después tomadas exactamente desde el mismo lugar;
recorridos por nuestros cabezos; y una ruta que permita unir este patrimonio con otros elementos históricos de Épila.
No necesitamos inventarnos una historia para atraer visitantes.
La tenemos.
Y pocas poblaciones pueden enseñar al visitante algo tan sencillo de explicar y tan difícil de olvidar:
Hubo un tiempo en que aproximadamente la mitad de Épila vivía dentro de sus cabezos.
Quizá ha llegado el momento de mirar nuevamente aquellas puertas excavadas en la tierra, no con vergüenza ni con nostalgia idealizada, sino con respeto hacia quienes vivieron allí y con inteligencia para conservar una parte irrepetible de nuestra identidad.
Porque aquellas cuevas fueron primero necesidad.
Después fueron hogar.
Hoy son historia.
Y mañana podrían ser también cultura y turismo.

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