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jueves, 18 de junio de 2026

Café-Cine-Teatro-Cantante, Ambos Mundos de Épila.

🎬 Ambos Mundos: cuando Épila soñaba con la modernidad.
Hubo un tiempo en que las noches de Épila se iluminaban con el resplandor de una pantalla de cine, el sonido de una orquesta o el bullicio de un baile de carnaval. Un tiempo en el que nuestro pueblo, lejos de permanecer aislado, miraba con ilusión hacia la modernidad que recorría España. Uno de los mejores símbolos de aquella época fue, sin duda, el Cine-Teatro Ambos Mundos.
Según recoge Manuel Ballarín Aured en su obra Un paso adelante, cien atrás. Épila, 1931-1939, el Ambos Mundos abrió sus puertas en 1932, en la calle Condesa, impulsado por el emprendedor Épilense Pedro Giménez Lorente. Su llegada supuso un auténtico revulsivo cultural para la Villa, que hasta entonces contaba principalmente con el Cine-Teatro Principal como gran espacio de espectáculos.
Su propio nombre ya era toda una declaración de intenciones. "Ambos Mundos" evocaba modernidad, cosmopolitismo y un aire de gran ciudad. En aquellos años muchos negocios buscaban nombres que sonaran modernos y elegantes, reflejando una sociedad que quería avanzar y abrirse al futuro.
Pero el Ambos Mundos fue mucho más que un cine.
Sus paredes acogieron proyecciones cinematográficas, representaciones teatrales, espectáculos de varietés, funciones de zarzuela y numerosos actos festivos. Durante las fiestas patronales y el carnaval se convertía en uno de los centros neurálgicos de la diversión Épilense, rivalizando directamente con otros espacios de ocio de la localidad.
Las crónicas periodísticas de la época describen una Épila sorprendentemente dinámica. Los bailes se sucedían, las calles se llenaban de máscaras durante el carnaval y los locales rebosaban actividad. El Ambos Mundos era uno de esos lugares donde los vecinos se encontraban, conversaban, reían y compartían momentos que terminarían formando parte de la memoria colectiva del pueblo.
Situado en una de las zonas más concurridas de la localidad, cerca del entorno de las Cuatro Esquinas, formaba parte de un auténtico corredor de ocio y encuentro social. Allí acudían agricultores, obreros, comerciantes, jóvenes y familias enteras para disfrutar de una oferta cultural que hoy podría sorprender a muchos.
Lo que quizá más sorprenda al lector actual es comprobar que la Épila de los años treinta estaba mucho más conectada con las corrientes culturales de su tiempo de lo que solemos imaginar. El Ambos Mundos no era únicamente un cine o un teatro: era un escaparate de novedades, modas y formas de ocio que llegaban desde Zaragoza, Madrid o Barcelona.
Y no todas estaban exentas de polémica.
El propio libro menciona que algunos establecimientos de ocio de la época fueron objeto de comentarios y escándalos por ofrecer espectáculos considerados atrevidos para aquellos años. Se habla incluso de sesiones de strip-tease y de proyecciones que causaron revuelo entre los sectores más conservadores de la sociedad local. Lo que hoy podría parecernos algo anecdótico, hace casi un siglo daba mucho que hablar en las tertulias de las esquinas, los cafés y los casinos.
No resulta difícil imaginar a más de un joven Épilense buscando cualquier excusa para acercarse al Ambos Mundos cuando se anunciaba alguna novedad. Ni tampoco imaginar a más de un padre o una madre frunciendo el ceño ante aquellas costumbres modernas que parecían llegar a la villa desde las grandes ciudades.
Porque el Ambos Mundos era también eso: un punto de encuentro entre dos formas de entender la vida. La tradición convivía con la modernidad. Mientras unos acudían para ver una película, escuchar una zarzuela o asistir a una representación teatral, otros buscaban la emoción de descubrir aquello que rompía con las costumbres de siempre.
Durante los carnavales, además, el local cobraba una vida especial. Las máscaras ocultaban identidades, los bailes se prolongaban hasta altas horas de la madrugada y las orquestas ponían banda sonora a una de las fiestas más esperadas del año. Entre valses, pasodobles y alguna mirada furtiva, seguro que nacieron amistades, noviazgos e historias que nunca quedaron reflejadas en los periódicos, pero sí en la memoria de quienes las vivieron.
En una época sin televisión, sin internet y sin teléfonos móviles, lugares como el Ambos Mundos cumplían una función mucho más importante de la que hoy podríamos imaginar. Eran lugares para reunirse, divertirse, conocer gente, enamorarse y sentirse parte de una comunidad.
Resulta difícil imaginar hoy la emoción que suponía asistir a una de aquellas sesiones cinematográficas. Para muchos vecinos era la única oportunidad de asomarse a otros lugares del mundo, contemplar ciudades lejanas, escuchar nuevas músicas o descubrir historias que despertaban la imaginación.
Por eso el Ambos Mundos fue mucho más que un edificio. Fue un símbolo de una época, un referente cultural para varias generaciones y una muestra de que la vida social de la Épila de los años treinta era mucho más rica, moderna y vibrante de lo que a menudo pensamos.
Hoy apenas quedan recuerdos materiales de aquel lugar, pero las páginas de la historia nos permiten devolverle el protagonismo que tuvo y recordar que, mucho antes de las redes sociales, las plataformas digitales o los centros comerciales, los epilenses ya tenían su propia ventana al mundo.
Y esa ventana se llamaba Ambos Mundos.
📜 Basado en la obra de Manuel Ballarín Aured, "Un paso adelante, cien atrás. Épila, 1931-1939", y en las crónicas de prensa de la época recopiladas por el autor
La Voz de Aragón: diario gráfico independiente: Año XI, Número 2906 - Viernes 22 de Marzo de 1935 (1935-03-22) -

miércoles, 20 de mayo de 2026

Piedra Singular en Épila

En uno de los laterales de la escalinata de acceso a la iglesia de Santa María la Mayor de Épila se conserva una piedra singular que, pese a pasar prácticamente desapercibida para la mayoría de las personas, podría esconder tras de sí siglos de historia acumulada.

La pieza destaca inmediatamente sobre el resto del muro por varios motivos. Su tonalidad oscura contrasta fuertemente con los sillares y mampuestos claros que la rodean, mientras que su textura, tamaño y formas parecen responder a un origen diferente al resto del conjunto constructivo. Sobre su superficie pueden apreciarse varias hendiduras y marcas lineales profundamente erosionadas que forman trazos diagonales convergentes, visibles todavía pese al desgaste producido por el paso del tiempo.

La nueva perspectiva del entorno permite observar que la piedra se encuentra incrustada dentro de un muro de contención lateral de la escalinata, construido mediante reutilización de materiales diversos, algo extremadamente frecuente en Aragón durante siglos. En muchas obras medievales y modernas se reaprovechaban piedras procedentes de edificios anteriores, antiguas construcciones desaparecidas, murallas, viviendas derruidas, estructuras defensivas o incluso restos romanos e islámicos.

Este fenómeno de reutilización arquitectónica, conocido históricamente como “spolia”, era habitual tanto por economía como por practicidad. En pueblos con una continuidad histórica tan prolongada como Épila, donde convivieron etapas romanas, islámicas, mudéjares y cristianas, no resulta extraño que elementos de épocas anteriores acabaran incorporados a reformas posteriores.

La ubicación concreta de la piedra, junto a la iglesia parroquial, resulta especialmente sugerente. El entorno de Santa María la Mayor  o del Popólo constituye uno de los espacios históricamente más antiguos y transformados de la Villa. A lo largo de siglos, el templo fue ampliado, reformado y modificado en numerosas ocasiones, utilizando probablemente materiales existentes en el propio entorno urbano.

-Las marcas visibles sobre la superficie de la piedra podrían responder a varias interpretaciones:

-Antiguas marcas de cantería;

-Huellas de extracción o desbaste;

-Señales de ensamblaje;

-Erosiones funcionales;

-Ó incluso restos de grabados muy antiguos ya prácticamente perdidos por la erosión.
Sin un estudio arqueológico especializado sería imprudente afirmar que se trata de símbolos o petroglifos, aunque visualmente las líneas llaman poderosamente la atención por su aparente intencionalidad y geometría.

Otro aspecto importante es la propia naturaleza de la roca. Su color oscuro podría indicar una procedencia geológica diferente a la mayor parte de piedras utilizadas en el muro. Esto podría apuntar a que fue trasladada desde otro punto y reutilizada posteriormente en la construcción de la escalinata o de estructuras anteriores.

Este tipo de pequeños elementos son precisamente los que muchas veces conservan silenciosamente la memoria más antigua de los pueblos. Una simple piedra reutilizada puede haber pertenecido siglos atrás a otro edificio desaparecido, a una estructura defensiva, a una construcción medieval o incluso a algún elemento mucho más antiguo del pasado de Épila.

En demasiadas ocasiones el patrimonio histórico no desaparece únicamente por grandes derribos, sino también porque dejamos de mirar aquello cotidiano que lleva siglos delante de nosotros. Y quizá, en esa discreta piedra incrustada junto a las escaleras de la iglesia, permanezca todavía una pequeña huella de las muchas Épila que existieron antes de la actual.

sábado, 11 de abril de 2026

11 de Abril de 1713. Épila y el Tratado de Utrecht

Escudo erróneo en el cementerio de la Villa.

La villa de Épila ostenta los títulos de Excelentísima y Fidelísima debido a su histórica lealtad hacia la Corona española en momentos críticos de la historia de España.

Origen de los títulos Fidelísima Villa: Este título fue concedido por el rey Felipe V tras la Guerra de Sucesión. El monarca otorgó este honor —junto con un escudo de armas propio— como reconocimiento a la conducta de fidelidad que el pueblo de Épila mantuvo hacia su causa en un contexto de gran inestabilidad política.
Excelentísima Villa: Más tarde, el rey Alfonso XIII reforzó estos honores otorgándole el rango de Excelentísima en agradecimiento por la lealtad continuada del pueblo a la corona. Como gesto personal de afecto, Alfonso XIII llegó a donar al municipio todos los trajes que vistió desde su nacimiento hasta su muerte, los cuales se conservaron en el Palacio del Conde de Aranda.

Para entender por qué Felipe V fue tan generoso con Épila, hay que ponerse en el contexto de una España dividida. Durante la Guerra de Sucesión (1701-1713), el Reino de Aragón se posicionó mayoritariamente a favor del Archiduque Carlos de Austria. Sin embargo, Épila fue una de las pocas excepciones que se mantuvo firme al lado del candidato Borbón.

Aquí tienes los detalles clave de ese reconocimiento:

1. El valor de la "resistencia" en territorio enemigo
Al estar en pleno corazón de Aragón, la lealtad de Épila no fue fácil. El pueblo se negó a unirse a la causa austracista a pesar de la presión de las ciudades vecinas y de la nobleza aragonesa que apoyaba al Archiduque. Para Felipe V, tener un enclave fiel en una zona que le era hostil fue estratégicamente muy valioso.

2. La concesión del escudo y el Privilegio
Como premio, el rey no solo le dio el título de Fidelísima, sino que mediante un "Real Privilegio" le otorgó un escudo de armas que simboliza esa unión:Las barras de Aragón: Como signo de su identidad geográfica.
La flor de lis: El símbolo de la Casa de Borbón, colocada en el centro para dejar claro que Épila era "suya".
La corona real: Que remata el escudo, recordando que la villa dependía directamente del favor del monarca.

3. Exenciones y beneficios
En aquella época, ser nombrada "Fidelísima Villa" no era solo un adorno. Venía acompañado de ciertos privilegios económicos y administrativos. Esto permitía a la villa diferenciarse de los pueblos de alrededor que habían sido castigados con los Decretos de Nueva Planta, los cuales eliminaron los fueros aragoneses. Épila, al ser fiel, mantuvo un estatus de protección y favor real que ayudó a su prosperidad posterior.

4. El vínculo con el Conde de Aranda
No se puede olvidar que la familia nobiliaria de los Aranda (propietarios del palacio de la villa) era de las más influyentes de España y también se mantuvo leal a los Borbones. Esta alianza entre el pueblo y su señor local frente a la corona consolidó definitivamente el título.
Una de las anécdotas más curiosas y determinantes para que Épila consolidara su estatus de "Fidelísima" ocurrió durante la Guerra de Sucesión, concretamente en los momentos de mayor tensión en el Reino de Aragón.

El "Plantón" al Archiduque Carlos
Se cuenta que, mientras gran parte de las poblaciones aragonesas abrían sus puertas al Archiduque Carlos de Austria (el rival de Felipe V) y lo vitoreaban como su nuevo rey, Épila se mantuvo en una resistencia simbólica y política muy firme.
Cuando las tropas austracistas pasaban por la zona exigiendo sumisión y provisiones, los habitantes de Épila, alentados por la lealtad de la casa de los Condes de Aranda a los Borbones, no solo se negaron a colaborar voluntariamente, sino que mantuvieron las insignias de Felipe V a la vista.

¿Por qué fue tan relevante?
Para Felipe V, que estaba perdiendo el control de casi todo Aragón, que una villa tan estratégica (por su cercanía a Zaragoza y su importancia económica) se jugara el tipo permaneciendo fiel fue un gesto de valentía extrema.
Cuando las tropas borbónicas retomaron el control de la región tras la Batalla de Almansa, Felipe V no olvidó quiénes lo habían abandonado y quiénes se habían mantenido firmes. Mientras que a otras ciudades aragonesas les quitó sus fueros y privilegios como castigo, a Épila la premió con el título de Fidelísima y le permitió lucir la Flor de Lis (el símbolo de su familia, los Borbones) en el centro de su escudo.
Fue, literalmente, el premio por ser "la isla borbónica" en un mar de partidarios del bando austriaco.

El Tratado de Utrecht (1713) es la pieza final del puzzle que explica por qué Épila recibió sus honores. Este tratado puso fin a la Guerra de Sucesión Española a nivel internacional y reconoció oficialmente a Felipe V como Rey de España.

La relación directa con el título de la villa se resume en tres puntos clave:Legitimación del premio: Aunque Felipe V ya había ganado batallas decisivas en España (como la de Almansa en 1707), el Tratado de Utrecht fue el momento en que su reinado quedó blindado legalmente frente a Europa. Fue entonces cuando el monarca pudo dedicarse a reorganizar el país y recompensar oficialmente a los pocos lugares de Aragón, como Épila, que no le habían traicionado durante el conflicto.
Contraste con los Decretos de Nueva Planta: Mientras que el fin de la guerra trajo para la mayoría de Aragón la pérdida de sus fueros y leyes propias como castigo por apoyar al Archiduque Carlos (mediante los Decretos de Nueva Planta), Épila fue señalada como la excepción. El título de Fidelísima fue el mecanismo legal para que la villa mantuviera un estatus de privilegio y protección real en una región que, en su mayoría, había sido castigada.
La Paz de Utrecht y el nuevo Escudo: Con la paz garantizada por el tratado, Felipe V formalizó los honores heráldicos. La inclusión de la Flor de Lis borbónica en el escudo de Épila es la prueba física de que la villa fue considerada parte directa de la victoria personal del rey consolidada en Utrecht.
En resumen, si la guerra fue el examen, el Tratado de Utrecht fue el "diploma" que permitió a Felipe V repartir los premios de lealtad, convirtiendo a Épila en un referente de fidelidad borbónica en el Reino de Aragón.

El escudo de Épila es el testimonio visual de su lealtad durante la Guerra de Sucesión y la posterior firma del Tratado de Utrecht. Tras este conflicto, el escudo se transformó para reflejar el favor de la nueva dinastía reinante.

La transformación del Escudo
El escudo de armas actual de la villa es un escudo partido en pal (dividido verticalmente en dos mitades), que combina la historia local con los honores reales:Primer Cuartel (Izquierda): El honor Borbónico.En la parte superior (jefe) aparecen tres flores de lis de oro sobre un fondo azul (azur). Este es el cambio más significativo tras el Tratado de Utrecht, ya que la flor de lis es el símbolo de la Casa de Borbón. Felipe V las otorgó personalmente como premio a la fidelidad de la villa.
Debajo de las lises se encuentra una pila bautismal de oro sostenida por dos leones del mismo metal. Este elemento hace referencia al propio nombre de la villa ("É-pila") y a su tradición histórica.
Segundo Cuartel (Derecha): El linaje noble.Muestra los atributos de la familia Urrea (bandado de azur y plata), los antecesores de los Condes de Aranda. Esto recuerda el vínculo de la villa con la nobleza que también se mantuvo fiel al rey.


Significado tras Utrecht
La inclusión de estos elementos no fue meramente decorativa. Para un habitante de la época, ver el escudo de su villa con la flor de lis y timbrado con la corona real cerrada significaba que Épila gozaba de una protección directa del monarca frente a otras zonas de Aragón que habían perdido sus privilegios.
En definitiva, el escudo pasó de ser una simple identificación señorial a un estatus de distinción política avalado por el nuevo orden internacional que trajo la paz de Utrecht.

lunes, 31 de marzo de 2025

14 Abril 1931 La Republica en Épila

Grafiti escrito en la torre del reloj de la Iglesia Parroquial María la Mayor ó del Pópolo de Épila.
El día 14 de abril siempre es una fecha muy simbólica para el republicanismo español, pues es el día que se conmemora la proclamación de la Segunda República en nuestro país, que tuvo lugar en 1931. Por lo tanto, en este 2025 ya se cumplen 94 años de aquel momento tan trascendental para la historia de España.
-Tras las elecciones municipales del 12 de abril, se proclamó la Segunda República.
-La derrota de la monarquía en las elecciones dio paso a la proclamación de la Segunda República.
-Tras conocerse la marcha del monarca, las diferentes autoridades comenzaron a proclamar la II República.
-El Comité Revolucionario surgido del Pacto de San Sebastián se convirtió en el Gobierno Provisional.

domingo, 26 de enero de 2025

06 Junio 1891, Nueva plaga en Épila.

Crónica de Vinos y Cereales : periódico mercantil, de noticias y anuncios: Año XIV Número 1401 - 1891 junio 6
El pulgón de la vid, Altica ampelophaga Guérin-Méneville: estados de desarrollo, daños, su principal depredador Zicrona caerulea (Linnaeus) y embudo pulgonero usado en la recogida a mano (López y Ramos, 1835)

martes, 24 de diciembre de 2024

15 Septiembre 1337 Creación de una Acequia en Épila

El día 15 de Septiembre de 1337 se concedió una Concesión del rey Pedro IV de Aragón a los vecinos de Épila para hacer una acequia y regar sus tierras con las aguas del río Jalón.
💧📜 15 DE SEPTIEMBRE DE 1337 CUANDO ÉPILA CONSIGUIÓ EL DERECHO A LLEVAR EL AGUA DEL JALÓN HASTA SUS TIERRAS
Mañana se cumplen 689 años de un documento excepcional para conocer la historia de Épila. El 15 de septiembre de 1337, el rey Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, concedía a los vecinos de Épila autorización para construir una acequia y utilizar las aguas del río Jalón para regar sus tierras. Puede parecer una sencilla concesión administrativa.
Pero en la Edad Media, tener agua era tener futuro. Era poder transformar tierras, ampliar cultivos, asegurar cosechas y modificar durante generaciones el paisaje y la economía de una población.
Y esta historia está documentada. La referencia se conserva actualmente en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, dentro del fondo de la Casa Ducal de Híjar-Aranda, con el código ES/AHPZ-P/001802/0020.
Existe, además, un detalle especialmente curioso: el documento que ha llegado hasta nosotros es un testimonio realizado el 8 de mayo de 1748 por Juan Antonio Larroy, más de cuatro siglos después de aquella concesión medieval. Es decir, en pleno siglo XVIII todavía se consideraba necesario dejar constancia documental de aquel derecho concedido a Épila en 1337. Y no fue un hecho aislado.
Ese mismo año, el 23 de febrero de 1337, Pedro IV había confirmado al concejo de Épila otro privilegio mucho más antiguo, concedido por Jaime I en 1225, y un año después, en 1338, volvería a aparecer confirmando otro privilegio relacionado con la elección del Justicia de la villa.
Épila estaba, por tanto, obteniendo y conservando derechos que regulaban aspectos fundamentales de la vida de sus habitantes.
Pero posiblemente lo más sorprendente aparece más de dos siglos después.
En 1570, la Real Audiencia de Aragón tramitó un gigantesco expediente de nada menos que 2.231 folios relacionado con los concejos y vecinos de Rueda, Urrea, Lumpiaque, Salillas, Berbedel y Épila, los ojos de las fuentes de Vierla y las acequias de Rueda y Mareca.
Más de dos mil páginas de documentación alrededor del territorio y de sus aguas.
Eso nos ayuda a comprender algo fundamental: el agua del Jalón no era simplemente agua.
Era agricultura.
Era riqueza.
Era supervivencia.
Era derecho.
Era conflicto.
Y era futuro.
No sabemos todavía cuál fue exactamente el recorrido de aquella acequia autorizada en 1337, ni debemos identificarla sin pruebas con otras acequias posteriores.
Pero sí sabemos algo con absoluta certeza: hace 689 años los vecinos de Épila ya luchaban por aprovechar uno de los recursos que más profundamente han marcado nuestra historia: el agua del Jalón.
Y quizá por eso, cuando hoy vemos nuestros campos, nuestras acequias y el río atravesando nuestro territorio, merece la pena recordar que detrás de ese paisaje existen siglos y siglos de historia.
💧 1337 — 2026 689 años de una historia escrita alrededor del agua.