martes, 22 de septiembre de 2026

Épila de estreno: cuando las fiestas también servían para hacer pueblo

Cuando repasamos antiguos programas, fotografías, periódicos y recuerdos de Épila descubrimos algo curioso: hubo épocas en las que una fiesta no consistía únicamente en música, toros, procesiones o bailes. También era el momento elegido para presentar al pueblo algunas de sus grandes obras y realizaciones.
No todas las inauguraciones estuvieron incluidas literalmente dentro de un programa oficial de fiestas. Algunas sí; otras coincidieron con fechas festivas o se convirtieron, por su importancia, en auténticas celebraciones populares. Pero vistas juntas cuentan una parte muy interesante de cómo fue creciendo y transformándose Épila.

1910 — La Plaza de Toros El 21 de septiembre de 1910 se inauguraba la Plaza de Toros de Épila.

Pero aquel recinto acabaría siendo mucho más que un lugar destinado a los festejos taurinos. Por su interior pasaron certámenes de jota, bailes populares, espectáculos, lucha libre y numerosos acontecimientos que quedaron grabados en la memoria de varias generaciones de epilenses.

Y entre ellos encontramos uno especialmente importante para nuestro patrimonio tradicional: en 1955 la Plaza de Toros acogió el último Dance conocido de la Villa de Épila.

De aquel Dance no se conserva, hasta donde sabemos, testimonio fotográfico, pero sí quedó memoria escrita posteriormente recopilada en el trabajo dedicado al Dance de Épila.

Por tanto, aquella plaza inaugurada en 1910 no fue solamente una plaza de toros: durante décadas fue uno de los grandes escenarios de la vida festiva, social y cultural de Épila.

1935 — El Grupo Escolar Mariano Gaspar Remiro. El 19 de septiembre de 1935, a las diez de la mañana y dentro del propio programa de fiestas patronales, se inauguraban las nuevas escuelas.

El edificio disponía de seis escuelas, además de guardarropas, lavabos, biblioteca, sala para los maestros y amplios espacios de recreo.

Aquella inauguración significaba bastante más que estrenar un edificio. Era la respuesta a un problema educativo que Épila arrastraba desde hacía años y representaba una importante apuesta por la educación de las nuevas generaciones.

1961 — El campo de fútbol. Otro momento destacado llegó el 11 de septiembre de 1961, con la inauguración oficial del campo de fútbol.

La historia de aquellas instalaciones tiene además un componente especialmente humano, porque numerosos vecinos participaron voluntariamente en los trabajos necesarios para acondicionarlas.

La inauguración se celebró con un encuentro frente a La Almunia de Doña Godina.

Deporte, colaboración vecinal y sentimiento de pueblo se unían así alrededor de un nuevo espacio que iba a acompañar a generaciones de epilenses.


1963 — La Escalinata. En los primeros años sesenta encontramos también la Escalinata, una actuación urbana que acabaría integrándose profundamente en la imagen del entorno de Santa María la Mayor.

Con el paso de las décadas terminó convirtiéndose en uno de esos elementos del paisaje urbano que vemos diariamente y que muchas veces dejan de llamarnos la atención, aunque también forman parte de la transformación histórica del pueblo.

1965 — El Secadero de Cereales. En 1965 encontramos otra inauguración importante: la sección del Secadero de Cereales de la Cooperativa del Campo de San Pedro Arbués.

Representaba otra cara de la Épila de aquellos años: la agricultura, la cooperación y la modernización del campo.

Y difícilmente podía encontrarse un año más simbólico. Aquel mismo 1965 Épila vivió también la extraordinaria Fiesta del Azúcar y de la Provincia, uno de los grandes acontecimientos festivos y sociales que recuerdan las crónicas locales.

No es necesario afirmar que ambas cosas formasen parte exactamente del mismo acto para comprender lo que representaba aquel momento: un pueblo agrícola e industrial que quería avanzar y mostrar lo que era capaz de hacer.

1974 — La Ciudad Deportiva Municipal “Las Piscinas”. En 1974 se inauguraba la Ciudad Deportiva Municipal “Las Piscinas”.

El acontecimiento quedó ligado a las fiestas de aquel año y todavía se conservan imágenes de la Banda de Cornetas y Tambores participando en aquella inauguración.

Para muchas generaciones aquello significó bastante más que disponer de unas piscinas. Supuso un nuevo espacio para el deporte, el ocio, el encuentro y los veranos de cientos de familias.

Medio siglo después, hablar de aquellas piscinas es hablar también de una parte de la memoria personal de muchos epilenses.

1983 — El órgano de Santa María la Mayor. El 17 de septiembre de 1983, nuevamente en fechas festivas, llegaba otra inauguración muy diferente pero igualmente significativa: la recuperación del órgano de Santa María la Mayor.

Detrás de aquel acontecimiento estuvo el trabajo del organero Marcos Chartier, junto con la colaboración de artesanos y personas vinculadas a Épila que hicieron posible devolver la vida a una pieza fundamental del patrimonio musical de la iglesia.

Esta vez no se inauguraba un edificio deportivo ni una obra urbana. Se recuperaba una parte de nuestra historia.

Si colocamos todas estas fechas una detrás de otra aparece ante nosotros algo más que una simple colección de inauguraciones:

1910: una Plaza de Toros.

1935: unas escuelas.

1961: un campo de fútbol.

1963: una Escalinata.

1965: un secadero de cereales.

1974: unas piscinas.

1983: un órgano recuperado.

Toros, cultura popular, educación, deporte, urbanismo, agricultura, ocio y patrimonio. Cada generación fue dejando algo.

Y quizá ahí esté una de las cosas más bonitas que descubrimos mirando hacia atrás: las fiestas y las grandes celebraciones de Épila no servían únicamente para divertirse. En muchas ocasiones también eran el escaparate elegido para enseñar al pueblo lo que se había construido, conseguido o recuperado.

Porque aquellas inauguraciones no consistían simplemente en cortar una cinta o abrir una puerta.

Durante unas horas, todo Épila sentía que estrenaba algo suyo.

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