lunes, 21 de enero de 2019

21 Julio, Batalla de Épila 1348

15.000 hombres entre caballeros y peones asediando las Murallas de Épila Ejército de Lope de Luna Lope de Luna, con 400 caballeros. Álvar García de Albornoz con 600 caballeros. Peones de Daroca.

  Se conoce con el nombre de Batalla de Épila al enfrentamiento armado que tuvo lugar el día 21 de julio del año 1348 en esa localidad zaragozana entre los partidarios de la Unión aragonesa y los del rey Pedro IV, encabezados por don Lope de Luna. Esta batalla fue el colofón de un largo enfrentamiento entre un amplio sector de la nobleza y el pueblo de Aragón contra su rey natural con la derrota total y definitiva de la Unión.

Debemos retrotraernos al año 1282, tras la conquista de Sicilia por Pedro III, su excomunión por el papa y la negativa aragonesa a apoyar al rey en las subsiguientes guerras contra el rey de Francia. En ese momento, para conseguir una presión más efectiva sobre el rey y protegerse mutuamente, la alta nobleza aragonesa firmó el Juramento de la Unión, por el que se comprometieron a prestarse apoyo mutuo contra el rey en el caso de que éste intentase menoscabar sus privilegios.
La consecuencia inmediata fue que en las Cortes de Zaragoza de 1283 Pedro III se vio obligado a aceptar el llamado Privilegio General de la Unión, ampliado todavía años después, en 1287, durante el reinado de su hijo Alfonso III

Pedro IV el Ceremonioso se había convertido en rey de Aragón en el año 1336 a la muerte de su padre Alfonso IV y su primer gran problema de política interna se produjo en 1347 con la reactivación de la Unión aragonesa. El motivo original del enfrentamiento estuvo en la decisión del monarca de hacer jurar como heredera de la Corona de Aragón a su hija Constanza, lo cual lesionaba los derechos dinásticos del infante Jaime, hermano del rey. Éste, que ejercía ya como Gobernador de Aragón, acudió de inmediato a Zaragoza a pedir el apoyo de la nobleza aragonesa contra la decisión real. Los nobles decidieronn jurar de nuevo la Unión en apoyo del infante, movimiento al que pronto se sumó la mayoría de los municipios, incluyendo a la capital. Al mismo tiempo, en el propio Reino de Valencia se organizó también otra Unión similar a la aragonesa.
En un primer momento Pedro IV procuró solucionar el enfrentamiento recurriendo a la diplomacia: convocó Cortes en Zaragoza y en ellas concedió la revocación de su decisión y se avino a confirmar los Privilegios de la Unión de 1287, no sin haber declarado antes en secreto que todas las mercedes que concediera quedaban sin efecto por haberlas tenido que hacer contra su voluntad. A partir de ese momento, la única salida posible al conflicto pasaba a ser el enfrentamiento armado.
Poco después de finalizar las Cortes el infante Jaime murió en Barcelona, probablemente envenenado por orden del propio rey, y es su hermanastro Fernando el que, desde Valencia, se pone al frente de la rebelión contra el monarca. A finales de 1347 en los dos reinos –Aragón y Valencia- se suceden los enfrentamientos.

A principios de 1348 Pedro IV consigue llegar a un acuerdo con la Unión valenciana por lo que toda la actividad militar se concentra a partir de entonces en el Reino de Aragón.

En Aragón, durante la primavera de 1348, los unionistas habían concentrado todas su fuerzas en Zaragoza. Pedro IV, una vez pacificado el reino de Valencia y con el apoyo de los habitantes de Teruel, Daroca y Calatayud se propuso marchar sobre Zaragoza para poner fin a la revuelta. Los unionistas, dándose cuenta de que no podrían hacer frente a las fuerzas reunidas de Pedro IV y Lope de Luna, intentaron cortarles el paso tomando un enclave intermedio que se hallaba en poder de los realistas, la villa de Épila. Por su parte, Lope de Luna comprendió igualmente que si los unionistas tomaban Épila él mismo se vería bloqueado e imposibilitado de recibir el apoyo del rey. Por ello dejó de inmediato el cerco de Tarazona y se dirigió a toda velocidad hacia Épila para impedir que fuera tomada. Allí tuvo lugar el enfrentamiento armado definitivo el día 21 de julio de 1348.

La batalla dio comienzo en la mañana del 21 de julio con el intento de las tropas de la Unión, dirigidas por Juan Ximénez de Urrea, hijo, de asaltar por la fuerza la villa de Épila. Dentro se había refugiado una parte del ejército real, cuya misión era defender la plaza hasta que el núcleo central de las tropas de Pedro IV consiguiera reunirse con las de Lope de Luna. El ataque frontal fue muy duro pero los unionistas carecían de material de sitio suficiente para forzar las defensas y tampoco tenían tiempo para prepararlo pues sabían que Lope de Luna había abandonado el sitio de Tarazona y se dirigía hacia el Jalón para forzar el enfrentamiento. Rechazado el primer asalto, los unionistas se dedicaron a quemar las mieses y los arrabales intentando de esa manera forzar un enfrentamiento en campo abierto, que no llegó a producirse. A mediodía llegaron al Jalón las avanzadillas del ejército real de Lope de Luna. La rapidez de su actuación, la sorpresa de su llegada y la falta de previsión de los cabecillas de la Unión, que no esperaban que el de Luna pudiera presentar batalla ese mismo día, decidió la jornada.
El desenlace de la batalla se centró en el puente sobre el Jalón. Los unionistas trataron de cerrar el paso allí a los mercenarios castellanos que llegaban al mando de Gómez de Albornoz pero la inexperiencia de los peones de la ciudad de Zaragoza no pudo frenar a varios cientos de caballeros bien armados y avezados en el uso de las armas, que no sólo se abrieron paso hasta la otra orilla sino que atacaron directamente a los nobles aragoneses que se mantenían en la reserva. Una parte de éstos se dio de inmediato a la fuga por lo que la capacidad de reacción de las tropas de la Unión fue casi nula. Sólo los nobles más comprometidos con la causa consiguieron formar un frente de combate con la intención de resistir hasta la caída de la noche. Pero finalmente, una salida feroz de las tropas realistas que se habían mantenido a la espera dentro de la villa de Épila rompió esta última resistencia, causando además la muerte de los principales cabecillas de la Unión o su aprisionamiento.

En la propia batalla murieron los principales valedores de la Unión como Juan Ximénez de Urrea,señor de Biota, Gombal de Tramacet o Jimén Pérez de Pina. Presos quedaron los principales capitanes como Juan Ximénez de Urrea, hijo del anterior, que había dirigido el ejército de la Unión en las acciones del reino de Valencia y que murió ejecutado pocos días después por orden del rey, y Pedro Fernández, señor de Híjar. El propio infante Fernando, que había caído preso en manos de soldados castellanos, fue enviado por éstos a Castilla ante el temor de que el rey mandara matarlo también.
A continuación Pedro IV mando convocar Cortes en Zaragoza y concedió el título de conde a Lope de Luna, el primer noble en Aragón en obtener este título sin pertenecer a la casa real. El cuatro de octubre, por último, las Cortes de Aragón revocaron definitivamente todos los privilegios y derechos de la Unión y el propio rey con su puñal rasgó los documentos que recogían los privilegios. Sin embargo, al mismo tiempo el rey amplió los poderes del Justicia de Aragón para mediar en los conflictos entre los aragoneses y el monarca, de manera que, en realidad, buena parte de los derechos que los nobles se habían atribuido en la Unión, quedaban salvaguardados en la figura del Justicia y ampliados a todos los aragoneses.
Restos de lo que fue posiblemente fue la ultima Reconstrucción de la Muralla de Épila antes de que en 1790 se sacase la Ley para su desmantelamiento por su estado ruinoso, aunque también tuvo tiempos gloriosos y en los Libros nos cuentan que uno de los motivos que aguanto el asedio de 1348 era que por su grosor aguanto muy bien las pocas armas de asedio que se tenia ya que habría partes de la Muralla tendrían hasta dos metros de grosor.

miércoles, 16 de enero de 2019

La Gran Historia de Épila en pequeños pedazos de recuerdos

La Historia de un Pueblo es mas que lo que aparentemente se puede ver al recorrer sus calles, lo que no se cuenta a simple vista son los recuerdos de cada uno de sus Habitantes en cada rincón de la Villa, quizás en los Libros Viejos se plasman este tipo de recuerdos que alteran el significado de la Historia contada de una manera muy Rudimentaria y quizás en esos recuerdos vengan pedazos que la Historia.... la Historia que tiene Sentimientos y Emociones, en este enlace quizás encuentre la chispa que Humanidad del día a día de Gentes que ya desaparecieron con los ecos de un Aire ya en tiempo ya vivido.... El Capítulo Eclesiástico de Épila en el Archivo de Protocolos Notariales de La Almunia de Doña Godina

sábado, 12 de enero de 2019

12 Enero 2019. Gárgolas en Épila.


  En varias de Nuestras calles si alzamos la vista podremos encontrarnos con "otras Muestras" de la Historia de la Villa. Las gárgolas no son más que un sistema para canalizar el agua de lluvia y expulsarla a cierta distancia del edificio para que no dañara la piedra, o el mortero con que se unían los bloques nada más prosaico. Por lo visto fue durante la Edad Media, una época en la que la mayoría de los ciudadanos no tenía acceso a la educación, cuando las gárgolas fueron aprovechadas para enviar un mensaje visual. Los patrocinadores de las grandes catedrales querían que la gente creyera que las figuras amenazantes las protegían de los malos espíritus, esto es, que la Catedral era un lugar seguro y debían acudir a ella lo más frecuentemente posible. No a todos los curas les gustaba la idea de colocar criaturas inexistentes en las iglesias, pero a juzgar por la expansión del catolicismo y su poder en la Europa medieval, a la mayoría no les molestaba. Como suele suceder en estos casos, las gárgolas tienen una leyenda y hay una en Francia que “explica” su origen, o al menos el de su nombre. 
   Se supone que una especie de dragón, con sus alas y fuego por la boca, aterrorizaba a los viajeros que transitaban por un camino. Un tal San Romano, a la sazón arzobispo de la ciudad, persiguió al monstruo, llamado Gargouille (que proviene del latín gargula, garganta), lo capturó y lo llevó de vuelta a Rouen para quemarlo. Como el cuello y la garganta del tremebundo ser estaban templados por el fuego, no pudo ser quemado, así que San Romano decidió colgarlo de una de las esquinas de la catedral, como advertencia a los malos, muy malos espíritus. Ahora bien, no todas las figuras que vemos en las catedrales son gárgolas propiamente dichas. Si son sólo ornamentos y no desagües, se les llama quimeras o grotescas, y en este caso sólo servían para atemorizar.
   Al final, la tecnología dio al traste con el arte de las gárgolas. Hacia principios del siglo XVIII, la invención del canalón sustituyó a las gárgolas, y no tanto porque fueran aterradoras, sino porque representaban un peligro para la población cuando se rompían debido a su peso y forma y caían sobre los indefensos transeúntes. A partir de entonces, pocas serían construidas, y las que quedaron, que son muchas, han servido para inspirar cuentos fantasiosos como el Jorobado de Notre Dame y películas de Disney. Aterradoras o prácticas, las gárgolas están ahí, y son historia.   

jueves, 10 de enero de 2019

Semana Santa en Épila. La Matraca de Épila

Fotografía cedida de Fernando Huerta Pelegrín
Fotografías del Matracon de Épila 11/09/1984
La llegada de la matraca a España fue posible gracias a los Árabes , ya que la palabra matraca viene del árabe "mitraqa", que significa martillo, y de "táraq", que significa golpear.
La matraca se utiliza en las iglesias españolas durante la Semana Santa, antiguamente se utilizaba para enmudecer a la gente en los días de la Pasión o para despertarlos en maitines, cuando no se podían usar las campanas, también se utilizan en algunas las celebraciones litúrgicas, o incluso en fiestas populares
También el ámbito de la Semana Santa, algunas hermandades penitenciales hacen sonar matracas durante el desfile procesional. La matraca se usa también para simular un terremoto en el Oficio de Tinieblas de la Semana Santa
Nos comenta nuestro Amigo Fernando Huerta Pelegrín: en el libro " Musicas y palabras de Valdejalón" de Carolina Ibor Monesma, del año 2012, también se menciona El matracon de Épila.
Se cree que la matraca fue introducida en la península Ibérica por los árabes durante los 700 años que ocuparon las actuales España y Portugal.
Fotografías del Matracón en la actualidad
La expresión 'dar la matraca' se usa para indicar que alguien es excesivamente pesado o repetitivo.
Según marcaba la costumbre, se tocada manualmente en los oficios religiosos de  Jueves Santo y Viernes Santo, y es que antiguamente en todos los pueblos las matracas se hacían sonar tanto dentro como fuera de la iglesia anunciando la pasión y muerte de Cristo. Popularmente, estos instrumentos se conocían como matajudíos . Las matracas de campanario sustituían en estas solemnes fechas a las campanas, cuyo sonido alegre debía enmudecer en estos días. De hecho, algunas de estas grandes matracas de campanario todavía subsisten en bastantes iglesias repartidas por toda la geografía aragonesa y española, otras costumbres que se tenían en Épila en fechas de Semana Santa era pagar a los niños de la Villa con caramelos y otros dulces para que con carraclas en mano recorriesen ciertas calle de la Villa así marcando la ruta de la Procesión de la tarde y dentro de las Iglesias se tenía la costumbre al finalizar el culto de golpear el mobiliario con piedras y palos mientras que se gritaba y alteraban las Personas asistentes...¡¡¡ Las Matracas sustituciones de las Campanas ya que estas son para actos de celebraciones alegres y las Matracas para lo contrario en la cultura popular eclesiástica
Esta actividad también recibe el nombre de "Oficio de las Tinieblas" las cuales sólo se tocan en Miércoles, Jueves y Viernes Santo...
En esta celebración, además del uso de las matracas, también se caracteriza por la presencia de un candelabro con 15 velas llamado tenebrario. Las quince velas representan a los once apóstoles, las tres Marías y la Virgen María, es decir, aquellos que acompañaron a Jesús en el día simbolizado. Durante esta actividad litúrgica, las luces del templo y del tenebrario se van apagando de a pocos. Al llegar al último cirio del tenebrario, se canta el Miserere (Salmo 50 (51)) y el cirio se oculta detrás del altar, simbolizando la entrada de Jesús en la sepultura y la permanencia de la Iglesia en espera de la Luz que surgirá en la Vigilia Pascual. Cuando el último cirio se oculta, se apagan todas las luces del templo y tanto los fieles como los celebrantes hacen sonar sus matracas, marracas y dan de golpes a las bancas para hacer todo el ruido posible
¿Qué sentido tiene hacer tanto ruido? El ruido de las matracas y otros objetos simbolizan los tormentos que sobrevinieron a la naturaleza después de la muerte de Jesús.
“Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente” Mateo 27, 50-53
 -Había otra Tradición que consistía en cuando terminaban los Maitines ( Oficio religioso nocturno que se celebra entre la medianoche y el amanecer, antes que laudes, y que constituye una de las horas canónicas).del  Viernes Santo ( en esta ocasión la celebración fue a las 03 de la madrugada)las Personas que allí estaban golpeaban con piedras y palos inclusive con las manos, todo mobiliario Eclesiástico inclusive hasta llegar a romperlo acompañados de Gritos que proclamaban la Muerte de los Judíos .... Costumbre que según dicen los textos costó mucho erradicar....Se tiene constancia que la "última" vez fue entre 1900 y 1903..¡¡¡
 -Nuestro Amigo Agustín G Lázaro recuerda que hará cincuenta años que no escuchará el sonido del Matracón.
Una matraca como la de la foto se emplea en el recorrido del interior del templo para marcar el recorrido del Alcalde y demas autoridades hasta el Sagrario, antes de entregarle la llave..
También se usaban las pequeñas matracas por los Niñ@s del Pueblo para marcar el recorrido de las Procesiones, el Sacerdote de turno le daba a a la Zaragalla del Pueblo caramelos para que recorrieran las calles haciendo sonar sus matracas ó matajudios (como el que se muestra en la fotografia superior) y así también marcaban por las calles que tendría su paso la procesión de Semana Santa, se cuenta también que habría inclusive hasta 3 y 4 Procesiones en época de Semana Santa.